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Revista de los Estudiantes de Historia

 Nº 4. Febrero de 2006

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¿ES REALMENTE LA MODERNIDAD UN PROYECTO

DE EMANCIPACIÓN Y PROGRESO?6

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Lorena López Guzmán (Historia).

Universidad del Valle

Cali - Colombia

desdeelsur82@yahoo.com.mx

 

 “El hombre no teje la trama de la vida,

 No es más que una de sus hebras.

Todo lo que le hace a la trama, se lo hace a sí mismo”.

Jefe Indio Seattle

El siguiente ensayo* intenta acercarse a un cuestionamiento sobre los cambios que son producto del proyecto de Modernidad, constatando así si ésas dinámicas de cambio se han llevado a cabo, o si por el contrario se han incumplido como una falsa promesa en el tiempo.

Para ello se tienen en cuenta dos autores importantes, Jesus Conill y Jürgen Habermas; de esta manera realizar una búsqueda de aquellas promesas inconclusas por parte de la modernidad y cuyos autores son claros y enfáticos en afirmar que tal modernidad no se he cumplido, por lo tanto tampoco puede existir un proyecto de postmodernismo.

Así pues, para poder entender nuestro presente, o sea la “posmodernidad”, habrá que determinar si ésta es una realidad o una ficción; en palabras textuales de Jesus Conill:  

“Históricamente está claro que lo que precede a la posmodernidad es la modernidad, y ésta a su vez es entendida como el fenómeno histórico que determina una transición de una época a otra, de algo antiguo a algo más nuevo, como una categoría histórica que identifica un modo de ser”. 

La modernidad se configuró así con la Ilustración en la promesa de la fe en el progreso del conocimiento y el progreso moral de la humanidad. Los ideales de la sociedad moderna eran entonces aquellos que reivindicaban la razón y la libertad, de llegar a la autonomía del individuo materializada en la razón y el conocimiento científico, que de una u otra forma transformaron las viejas estructuras políticas, económicas, sociales y culturales por otras donde la vida social moderna se desarrolló en tres mecanismos racionalizados que la determinaron y configuraron como el proyecto moderno que hoy conocemos (o el Capitalismo Democrático como lo llama J. Conill), estos son: 

  1. El Mercado, como la racionalidad económica en la que se expresa la libertad individual y colectiva en las relaciones de dependencia recíproca en torno al mercado, la producción y el consumo y el mercado del sistema capitalista y lo que este significa. Obviamente todos los anteriores debidamente regulados por una macro-estructura como lo es el Estado.
  2. El Estado, como la racionalidad política y jurídica, sustituyéndose la antigua autoridad religiosa y la tradición, por el de las leyes y derechos universales en la búsqueda de las libertades sociales, la autoconciencia del conocimiento y la autodeterminación en la acción.
  3. El Derecho, como la racionalidad jurídica que asegura los derechos y libertades individuales y colectivas pasando así del Estado Liberal al Estado Social de Derecho.

Estos cambios sin duda aseguraron el progreso de las sociedades, configurándose por demás, imaginarios de sociedades ideales, sobreviniendo así un halo de marginación hacia aquellas sociedades que de una u otra forma no habían alcanzado estos desarrollos y que se sellaron bajo la categoría de sociedades primitivas y salvajes, de inferiores e ignorantes, por regirse y solucionar sus problemáticas sociales bajo las cosmovisiones de la religión y de la magia y no por la premisa de la razón científica y la tecnología.

Ante ésta dicotomía, entre sociedad moderna y sociedad salvaje, me surgen una serie de preguntas tales como: ¿Qué son entonces las sociedades orientales, africanas e indoamericanas y dónde ubicarlas?, ¿Qué las determina como presuntamente salvajes?, ¿Ésta premisa de proyecto de modernidad no se puede considerar mas bien como la legitimación de aquello llamado como eurocentrismo?, ¿No se puede considerar esto como un mecanismo de subyugación hacia otras sociedades bajo la mirada eurocéntrica que define a ese “otro” como “salvaje” y “bárbaro” legitimando así su poder y dominación?. Si esto es así, ¿Dónde cabe la tan proclamada libertad, igualdad y justicia de la modernidad?, ¿No se hace evidente el yugo moderno con el proceso de colonización “oriental” del siglo XIX por parte de Europa (específicamente Inglaterra) donde el poder de la “razón moderna” se manifestó en la Revolución Industrial, social y tecnológica para llevar el “progreso” a los “pobres atrasados”? y en últimas ¿Quién determina qué es lo primitivo y qué es lo moderno?

Es evidente que la modernidad y lo que ésta significa se construyó a partir de las necesidades propias de Europa, desde su realidad, desde su mentalidad, y por ende estas inquietudes que surgen a partir de la lectura de J. Conill y J. Habermas deja en claro que si bien la modernidad condujo a algún tipo de desarrollo social, económico, político y cultural, lo trajo solo para aquellos que idearon este proyecto, o sea Europa. Por tanto este proyecto no se adaptó fácilmente a las distintas realidades socio – económicas y políticas que existieron en el mundo, y que hablando en términos esencialmente económicos provocaron mas bien una inequidad, partiendo de la premisa del capitalismo en la sociedad moderna de “sujetos individualmente libres pero también de sujetos individualmente egoístas. Porque en el poder del dinero está el poder de la diferenciación”.

El dominio de la razón y la tecnología ha demostrado que si bien trajo beneficios a las sociedades modernas, hizo estragos en aquellas que lucharon y resistieron (y que hasta nuestros días algunas de ellas siguen en resistencia y lucha contra el llamado “primer mundo”) por mantener sus formas tradicionales de orden social, político, cultural y económico, es decir, como lo menciona J. Conill: “la hegemonía del universo tecnológico ha dejado a la razón moral y las creencias religiosas como cohesión social y de unificación del sentido cultural; se han convertido simplemente en una posible opción individual dentro del mercado de las preferencias”. Las sociedades en pro del progreso eliminan sus tradiciones y ordenes ya establecidos.

Así mismo con la modernidad se dio una nueva forma de concebir la Historia y la memoria; y evidentemente los Historiadores idearon y construyeron para la modernidad una historia que se esquematizó en algo conocido como Historia Universal; Esta Historia Universal lógicamente “ubicaba a las sociedades mercantiles europeas – que muy pronto se definirían como industriales – en el punto culminante de la civilización (lo que acababa convirtiendo la Historia Universal en Historia de Europa) y daba un carácter científico tanto a las pretensiones de superioridad de los europeos como a sus interferencias en la vida y la historia de los demás: el colonizador se transformaba en un misionero de los nuevos tiempos que se proponías enseñar a los pueblos primitivos el verdadero camino hacia el progreso intelectual y material1.

 En otras palabras, aquel hombre colonizador u hombre moderno lo que aparentemente hizo fue inventar el “progreso”, pero en  realidad sería más acertado decir que lo que realmente ha inventado es el “atraso” de los demás para así poder definirse y afirmar su identidad, solo mirándose en este espejo, el de su progreso, tal cual como lo define Josep Fontana.

Y es que estas visiones históricas de los europeos, sujetos racionalmente “aptos” para sacar del subdesarrollo y del “primitivismo” a las sociedades consideradas diferentes o ajenas al proyecto de la modernidad, no hacen más que arraigar y legitimar todo aquello que consideramos correcto por su mera ubicación al final de una escala temporal evolutiva[2].

 

Por lo anterior, el proyecto de la modernidad y las visiones en torno a los “otros” los cuales me sirven de “espejo” y la construcción de una historia (lineal) impulsada desde la mirada de Europa, fue nocivo para las historias de los pueblos no europeos; al aceptar esto, se condenaron a la dependencia económica y cultural; ya que esto condujo a la renuncia de sus identidades originarias para adoptar las nuevas identidades asignadas y creadas desde la ficción de la Europa Moderna.

La consecuencia, renunciaron a su propio pasado, reemplazándolo por una revisión crítica del que les habían asignado los europeos, sin darse cuenta de que ello les impedía percibir la verdadera naturaleza de sus problemas. No bastaba con transformar la vieja epopeya del progreso en la vergonzosa historia de la explotación. Con ello se cambiaba la caracterización de los personajes, pero se mantenía el escenario y lo substancial del argumento[3],

Lo anterior se trae a colación, ante las contradicciones de los dicho al hecho, las proclamas modernas de emancipación y libertad, de progreso y civilización, no son otra cosa que proclamas aplicadas y pensadas al contexto europeo, puesto que no hay que negar en la historia moderna los estragos y las caóticas consecuencias que dejó la depredación de la esclavitud a las sociedades que la padecieron.

Desde otro ámbito, el de la religión, se dio la fragmentación y desvinculación entre la Iglesia y el Estado como es paso de emancipación a viejas formas de yugo y opresión religiosa, pero aún así, surgirían otras nuevas fuerzas de opresión que se impusieron como poder hegemónico, manipulador y controlador de las mentes de los sujetos sociales, siendo así, queda la pregunta ¿cuál ha sido esa emancipación y libertad que la modernidad proclamó?

Actualmente se debe de pensar en los medios de comunicación como esa nueva fuerza, se convierte en el “cuarto poder” que ejerce una nueva influencia  y en la razón de los sujetos sociales, siendo muchos de estos medios de comunicación la hetaira de los grandes emporios y gremios económicos y de ciertos entes políticos que nos dicen de una u otra forma ¿qué pensar?, ¿qué hacer? o ¿qué creer? Entonces ¿Dónde está el actuar y pensar por sí mismos al que se refería Kant?

La manipulación de los medios de comunicación no hace más que evidenciar la tecnificación de la opinión, conllevando en última instancia a la pérdida de identidad en el hombre moderno, pues la tecnología nos sustituye y como consecuencia nos deja vacíos morales vitales y la destrucción de la subjetividad humana[4].

Entonces, ¿cómo sobrellevar esta contradicción en la cual no se sabe si la modernidad ha sido acertada y beneficiosa o en realidad es una gran mentira que se modifica y se acomoda según el contexto y el momento histórico?.

Para el sociólogo Max Weber, no se ha logrado aún pasar a la “mayoría de edad” de la cual hablaba Kant, pues “si bien la razón conllevó a la emancipación, ésta igualmente ha favorecido el dominio de otras fuerzas a las cuales vivimos atados como la economía capitalista, la burocracia y la tecnocracia, que más que hacernos libres nos hace habitar en una “Jaula de Hierro”[5].

Desde esta perspectiva, tanto para Weber como par Habermas lo que realmente existe del proyecto ilustrado moderno es la modernidad cultural, que de una u otra forma ha traído como consecuencia cambios que enfrentan a esa modernidad social – regida por el orden económicamente capitalista – pasando de la ética del trabajo al ocio; es decir, el sistema capitalista se enfrenta a los principios del sistema cultural cuando prevalece el hedonismo a la eficiencia del sistema tecnoeconómico y político viéndose así en gran desventaja. El ocio se apodera de sus “sujetos sociales” ya no tan sujetos.

Así pues, al caer en estos procesos de homogeneización culturales, se desarraiga lo propio y las sociedades se entregan a las visiones ficticias que otros hacen sobre ellas mismas – la mirada ante el espejo – o al menos de aquellas sociedades que iniciaron el rito de iniciación en lo que la historia ha denominado como el proyecto de modernidad, postmodernidad, ya sea desde las estrategias del colonialismo, imperialismo, o en nuestros tiempos actuales el de la globalización. Porque quiérase o no, los tiempos modernos no fueron más que Europeización del mundo... que expande su legado a otros espacios y otros  contextos imperialistas, para de esta manera renombrar nuestro tiempo en una “Norteamericanización postmoderna”.

 

Nota final:

Puede que esto se salga del rigor académico de la Historia, y que estas notas finales tal vez nunca se han usado en un articulo, un ensayo, y cualquier otro tipo de escrito concerniente a nuestra academia… pero… quebrantando la regla… quiero dedicar cada carácter, cada palabra, cada oración y cada párrafo a todos y todas aquellas personas que contienen la sabiduría que les ha heredado el vivir el día a día en los campos, las veredas, los desiertos, las montañas, las reservas, las sierras, las costas, las selvas, las islas, las malokas, los bohíos, las tribus, los palenques, los cabildos, los pueblos y otros más; todos y todas construyendo comunidad. Y si en algún momento se les nombró como “atrasados”, “bárbaros”, “salvajes” o “incivilizados” fue porque no se acercaron a su palabra, a su memoria, a su historia. A la  sabiduría de estas gentes,  que no la obtienen en una universidad, sino de la experiencia de vivir y sobrevivir cada día, de compartir y transmitir todo un acervo de conocimiento y memoria en Comunidad, a partir de la palabra hablada, en ese aprender a escuchar la voz del otro.

 

Bibliografía.

CONILL, Jesus. El Enigma del Animal Fantástico. Editorial Tecnos S.A. Madrid, 1991.

 

HABERMAS, Jürgen. “Modernidad versus Postmodernidad. (Fotocopias). (s.e). (s.f).

 

FONTANA, Josep. Europa ante el espejo. Editorial Crítica, Barcelona, 1994.

 


Notas Pie de Página.


6 El siguiente ensayo fue realizado para el curso Historia Moderna II, Departamento de Historia. Universidad del Valle. Periodo, Agosto – Diciembre de 2004

* Este ensayo se lleva a cabo con la lectura del Capítulo 4: “Para Pensar la Modernidad”, ítem séptimo “La Ficción Posmoderna” del libro EL ENIGMA DEL ANIMAL FANTÁSTICO de Jesus Conill y el artículo “Modernidad versus Posmodernidad” de Jürgen Habermas (s.e), (s.f).

1 Josep Fontana. En Europa ante el espejo. Editorial Crítica. Barcelona, 1994. Página 122.

[2] Ibíd. Página 126.

[3] Ibíd. Página 130.

[4] Jesús Conill.  El Enigma del Animal Fantástico. Editorial Tecnos S.A. Madrid, 1991. Página 280.

[5] Ibíd. Página 282.

 

 

* Pintura "La caravana de las lágrimas" de Robert Lindneux,

Refleja la emigración forzada de los indios norteamericanos,

entre 1831 y 1835, desde el este de Estados Unidos al Territorio Indio, en Oklahoma.

Entre las tribus que se vieron obligadas a hacer el viaje a pie estaban

 los cherokee, los creek, los choctaw y los chickasaw.

Muchos murieron durante este largo y duro viaje.

Woolaroc Museum, Bartlesville, Oklahoma

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Última actualización: 19 de Febrero de 2006.