Anacrónic@

Revista de los Estudiantes de Historia

 Nº 4. Febrero de 2006

Principal
Acerca de Nosotros
Internacionales
Ciudad, Arte y Sociedad
El Abanico de Clío
Anacrónic@ Literaria
Anacrónica Filósofica
En tiempo de Colonia
Cinéfil@
Reseñas
Eventos y Convocatorias
La Caricatura del Mes
Editorial
Convocatoria
El Buzón

 

 

ELEMENTOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA MATRIZ DE ANÁLISIS HISTÓRICO DE MOVIMIENTOS Y ACTORES SOCIALES EN BOLIVIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Ocsa Laime (Historia)

Universidad Mayor de San Andrés

 La Paz – Bolivia

cocoocsa@yahoo.com

 

Introducción

¿Cómo poder entender lo que sucede en la realidad de nuestros países?, ¿Cómo poder saber las cosas que están en juego en un momento histórico determinado y que marcan el resto del tiempo que le sucede?, ¿Qué poderes, qué vidas y qué destinos están presentes en el tiempo?.

Estas preguntas pueden ser de respuesta muy difícil, variada, pero también muy creativa, muy pesimista o con una posición progresista, y que respalde la vida y la posibilidad de pensar en un futuro mejor y más justo. En Bolivia y en América Latina se está dando un proceso de emergencia de los movimientos sociales, es un nuevo momento histórico en que durante las últimas dos décadas se pueden ver las protestas y formas de lucha, interesantes articulaciones de la realidad y que hacen presentes las necesidades que se tienen en nuestro continente.

En este sentido existen momentos que son muy significativos, que marcan el proceso de la realidad de la sociedad: son momentos de disponibilidad histórica, donde los diferentes actores sociales tienen similares condiciones para poder ponerse en mejores espacios y conseguir sus demandas u objetivos trazados y entrar ya en la complejidad del movimiento social.

No vamos a entrar a explicar la constitución de este momento histórico, sino vamos a plantear el estudio de estos actores sociales que, en estas condiciones particulares y especiales, tiene una formación singular que le permite ser un 'actor' con las posibilidades para poder ser  estudiado. Además, esos momentos especiales pueden develarse de manera más pura e identificable  en una coyuntura auténtica. Es decir, nuestro propósito es pensar en elementos que permitan la construcción de una matriz que nos permita entender a actores sociales y su proceso de paso a movimientos sociales, la composición que los configura y su condición de irradiador de protagonismo social, a partir de una visión histórica. El qué se tiene que tomar en cuenta para poder realizar un armazón que permita poder identificar lo que queremos investigar de los movimientos sociales en una realidad local y latinoamericana en los procesos contemporáneos.

Partiendo de las condiciones dichas, este proceso de análisis toma en cuenta estos momentos en que se pueden develar y determinar de mejor manera las condiciones de los propios actores. Existe una multiplicidad de elementos que componen las características que se unen dentro de ellos: lo material, esa base común a los individuos que compondrán al actor; lo simbólico subjetivo, ese universo mental compartido por los individuo y lo general del actor; el proyecto y los logros; las relaciones con otros movimientos; las formas de acción, movilización y presión; sus objetivos y reivindicaciones, etc. Cada elemento singular y articuladamente, es parte de la complejidad del movimiento social.

 

Sobre el Actor Social

Al plantear la definición del sujeto de investigación es necesario tomar en cuenta lo que nosotros vamos a entender, cómo nosotros vamos a delimitar lo que es; en ese sentido, y a partir del objetivo que nos trazamos en este escrito, tenemos que expresar lo que vamos a entender por ACTOR SOCIAL y MOVIMIENTO SOCIAL, más que para explicar el proceso de conformación de uno al otro, tratamos sólo de mostrar las características interiores.

El actor social va a ser la configuración de individuos reunidos a partir de elementos comunes compartidos por ellos y ellas. Es necesario hacer notar que en nuestra América Andina la presencia de las comunidades es muy fuerte, la organización comunal, el pensarse y sentirse como comunidad, agrupación de individuos que no se imaginan, no se piensan como individuos individualizados, como singularidades desde la lógica occidental; sino como individualidades que tiene razón de ser a partir de la capacidad y condición de ser comunidad. Esto va a significar también que las acciones cotidianas van a ser conducidas por esta característica: juntos van a trabajar, juntos construyen sus casas, juntos van a movilizarse, juntos van a bloquear los caminos y juntos van a enfrentarse al Estado o a otro que considerarán el “enemigo”.[1]

No es exclusivo pero es parte principal de la materialidad de la constitución del sujeto, y más tarde del movimiento también. En el caso Boliviano, uno de los actores que ha retomado fuerza ha sido el campesino, con lo anteriormente dicho, los campesinos tienen como condición unificadora en lo cultura la presencia de las comunidades o “ayllus” en la parte andina y los pueblos o capitanías en algunos casos en la parte oriental, de tierras bajas. El actor social va a tener una complejidad de elementos que son necesarios detallarlos, aunque sea de manera general. La condición material se refiere a las características y condiciones comunes a las individualidades y/o comunidades que les van a permitir vivir, trabajar, reproducirse como lo que son; en casos concretos esto marca la identificación de su similitud por lo que producen, por lo que crean, así pueden ser actores sociales los campesinos, los mineros, los trabajadores de fábricas, los trabajadores del Estado, los trabajadores intelectuales de oficinas, los estudiantes, los militares, los policías, etc., etc. es decir todos los que pueden compartir lo que hacen y, más o menos, asumir eso. Sin embargo hay que mencionar que existen diferencias entre estos mismos actores, los mineros y los campesinos por ejemplo, comparten cada uno de ellos espacios conjuntos, lugares comunes, de trabajo, de descanso, de vivienda, de fiesta, etc. todo esto hace que sus lazos y relaciones sean más fuertes, sean más intensos, más íntimos; pero la diferencia de “textura” (por así decir) con los otros, trabajadores de oficinas por ejemplo, es que ellos no van a llegar a compartir esos mismos elementos en la intensidad y cercanía en la de los otros. Esto se convierte en un elemento principal para poder entender también quienes pueden y quienes no, o tienen más dificultad, en poder ser identificados y asumirse como un actor social.

Esta es una forma de entender lo que es lo material del actor social, no sólo en la condición del marxismo clásico de sólo su ubicación en el modo de producción, sino tratando de, considerando eso, ampliarlo.[2]

El otro elemento que va a ser principal también, determinante en algún momento, es el de la construcción de los imaginarios, de la imagen, de los elementos subjetivos y mentales que van a estar presentes en el actor social, como sumatoria de construcciones mentales; asimiladas consciente o inconscientemente por los componentes del actor social. [3] La complejidad de este campo es de igual magnitud e importancia que lo material. Aquí se van a consolidar las solidaridades, las formas de organización, los pensamientos que van a permitir actuar de manera conjunta al actor social fuera del espacio de reproducción de su materialidad. Estos elementos son muy complejos y diversos, y son de diferente origen. Solo vamos a desarrollar los más importantes o por lo menos los que consideramos que van a estar presentes al momento en que el actor entre en acción o se metamorfosee en un movimiento social.

Entre las formas en que se puede concluir que uno se relaciona con otro, está el espacio común de opinión que va generando las relaciones que se van tejiendo entre los sujetos que comparten experiencias similares, que comparten formas de trabajo, formas de asumir la reproducción, esto es lo primario que se va a resolver en las instancias de los individuos. Este compartir va a permitir crear solidaridades que permiten lazos para actuar juntos en momentos diferentes a los de trabajo. Estas solidaridades permiten enfrentar juntos condiciones adversas. 

También están presentes en esta construcción del imaginario las tradiciones, las memorias, que permiten que se pueda hacer referencia a tiempos anteriores, pasados, que logran reafirmar una identidad común entre estos, ya sea a partir de la formación “originaria” de estos, como a partir de una formación por adscripción.[4] Este elemento imaginario de la memoria, que va a articular mitos, historias y tradiciones, va a formar parte de la cultura singular de los diferentes actores. Por ejemplo, los pueblos originarios en Bolivia, tienen una fuerte presencia de este tipo de elementos que pueden permitirle hacer recuerdo de las formas de lucha contra el dominio español en la colonia y en la república, esas luchas como las de Tupak Katari y Zárate Willka son transmitidas de manera oral y son evocadas en momentos de lucha actuales, en el 2001 y el gran bloqueo organizado por la CSUTCB[5], que concluyó con la emergencia del Cuartel General Indígena de Kalachaka, es una muestra de la fuerza que tiene ese elemento; o cuando en las marchas campesino-indígenas en las ciudades de La Paz y El Alto, está llenas de simbolismos, desde la presencia de cientos o miles de Wiphalas o de una Amauta[6] con un bracero y una ofrenda a la Pachamama.  O en el caso de los mineros que en sus asambleas, dentro de los argumentos políticos que tienen en sus discusiones, hacen referencia a su participación en la lucha contra las dictaduras, la participación de mineros en la Guerrilla del Che o a personajes que no transaron las demandas del sector proletario con los gobiernos de turno.

Otro elemento principal es la sumatoria que se realiza con lo anterior y la reafirmación de la identidad. La condición de identificación de los sujetos que conforman el actor va a ser desde una gama de formas, entre ellas, y las que están presentes en la realidad latinoamericana, están por ejemplo la identificación étnica, la identificación de género, la identificación de clase. Es muy diferente ser parte de un grupo étnico con unos elementos culturales que implican participar de acciones que son culturales o ser parte de un proceso de producción, con formas y relaciones particulares que permiten identificación, y también con las diferencias de sexo y generacionales que marcan también la forma en que se identifican los individuos. Esas tres cosas, por ejemplo están presentes en la realidad de nuestra sociedad, están profundamente enraizadas; y es lo que se conjunciona para hacer que las formas de explotación y dominación estén presentes de manera compleja en los actores que logran conformar formas de resistencia y lucha frente a esta explotación. 

Justamente, estas formas en que los actores tienen conflictos son las que permiten las formas en que se puede resistir, enfrentar estos avatares. Así los conflictos y enfrentamientos son los que van a producir grados y formas de organización para la lucha. Durante cientos de años nuestras sociedades tenían diferentes formas de lucha desde su aparición como culturas identificables geográficamente; sin embargo, con la Colonia esto se convierte en una dominación general, esto a su ves produce formas de resistencia que van a estar envueltas entre frustraciones y derrotas, junto a victorias y triunfos contra el sistema, contra los opresores. Las formas en que las sociedades de las ciudades van a asumir este proceso con la adscripción y solidaridad de la gente en momento en que los golpes de Estado son frecuentes o las dictaduras son impuestas en los gobiernos.

Finalmente, otro de los elementos que es importante dentro del fortalecimiento del actor social, es la posibilidad de generar una capacidad de movilización, poder aglutinar dentro de un discurso la posibilidad de convocar a los sujetos que se van a convertir en la Fuerza Efectiva del actor, y van a ser los que se enfrenten para lograr los objetivos planteados.

 

De la formación del Movimiento Social

La realidad de los diferentes países y formaciones sociales van a ser los que influirán en la formación de condiciones particulares donde esto se va a poder observar. Reitero que estos son sólo algunos elementos componentes de la formación interior del actor social. Pero, ¿cuándo es que se convierte en movimiento social? Por lo menos proponemos dos elementos que son principales para lograr que se pueda conformar el movimiento social: la generación de un discurso o discursos que sean a partir de la materialidad de los actores, y el fortalecimiento de un liderazgo social identificado por el resto de los grupos sociales. 

A partir de la experiencia de lucha, de la posibilidad y realidad de actuar como colectivo y de lograr los objetivos o demandas que tienes, y apoyado por el recuerdo y la memoria de las formas de lucha, es que se va a producir dentro del seno de los actores sociales un discurso político que consolida los pensamientos de la sumatoria de experiencias y expectativas que se tienen. Este discurso es un conjunto de mensajes que penetran, critican o fortalecen diferentes niveles de pensamiento de la sociedad, son los que permiten que se una y se pueda actuar dentro el movimiento social y se logre adscripciones de otros actores, además que hace que se generen también diferencias y rechazos de otros sectores principalmente. Existe una irradiación de pensamiento, de visiones, de ideas, de principios que van a impactar en la realidad del conjunto de la sociedad y permiten que se sitúen en el centro de la dinámica social, por lo menos por algún tiempo y luego incursionen en los diferentes anales de las memorias populares y oficiales. Existen pocos actores que logran tener una presencia fuerte y logran consolidar este proceso, en el caso de Bolivia está muy fuerte la presencia de los mineros, de los proletarios y de los campesinos, tanto de tierras altas como de tierras bajas. Mas adelante retomaré esto.

El otro elemento que hay que tomar en cuenta es el de la generación de un liderazgo social. Esto se caracteriza porque en la diferente gama de actores sociales que están presentes dentro de lo que es la lucha de los propios actores sociales por sus reivindicaciones, llega un momento en que se van a formar las condiciones para que se fortalezca el proceso de generar una presencia conductora, irradiadora, que fortalece lo que anteriormente dijimos y permite lograr un protagonismo social del actor, que ya se convierte en movimiento por el papel que juega como intermediario y canalizador, conductor del proceso social. Esto es lo que caracteriza al movimiento social, la capacidad y posibilidad de generar tanto un discurso como un liderazgo basado en las condiciones de movilización y permanencia ideológica y política, que en el campo político es capaz de disputar la legitimidad de lo establecido.

No muchos de los actores llegan a este punto, no todos pueden ser, o por lo menos, generar una alternativa que permita la proyección de un imaginario alternativo, contestatario, en suma: diferente. En la realidad Boliviana, han existido diferentes momentos (y esto marca la condición histórica) donde un movimiento social ha sido capaz de generar estas condiciones; principalmente hay dos movimientos que hacen esto, que logran hacer este proceso.[7]

Durante los  últimos 70 años el movimiento Obrero Minero es el que se ha creado como “vanguardia” del proletariado: logra configurar la condición de actor social, logra el desarrollo de un discurso contrahegemónico y políticamente alternativo, logra posicionarse como movimiento social al consolidar su papel de liderazgo político y social al momento en que sus acciones resisten las presiones de los gobiernos y crea solidaridades con otros sectores de la sociedad, logra irradiar una condición diferente a partir de la cuestión de la lucha de clases y, materialmente, logra conformar un bloque que le da legitimidad ante la sociedad al crearse historias y cavar profundamente en el imaginario social. Esto se confirma cuando cada vez que reaparece es inmediatamente relacionado a su historia combativa. Además de tener una recurrencia histórica por su permanente acción y permanente protagonismo dentro el campo político, económico e ideológico.

El movimiento campesino-indígena tiene una diferencia morfológica. La diferencia en sus condiciones materiales  está relacionada por la relación (valga la redundancia) con la tierra, pero existen varias diferencias claras: hay una ubicación entre tierras altas y tierras bajas, eso marca formas diferentes de organización. Sin embargo, la condición comunitaria, en mayor o menor medida, está presente en ambas, esto les puede fortalecer en sus formas de solidaridades, pero hay diferencias. Logran reunir los elementos que citamos en este trabajo y tienen, materialmente, condiciones singulares que los hacen un movimiento complejo. A través del tiempo logra formalizar una condición de resistencia social, las rebeliones de 1781, de 1889, de Kuruyuqui a principios del siglo XX, todos estos son muestras de que llega un momento de recurrencia histórica; pero también su participación en la construcción del Estado es importante y el cuestionamiento que hace de “las dos Bolivias [8] en el año 2001 y la consolidación del discurso de la nación Aymara y la exclusión que vive actualmente, pero con una condición no tanto separatista, sino más bien como un llamamiento a darse cuenta de los problemas que existen sobre el tema étnico cultural. Logra constituirse con lo que habíamos dicho anteriormente y se ve fortalecido por un discurso de lucha milenaria y de reivindicaciones que logran una solidaridad de otros actores. Logra ser movimiento cuando en los últimos años se ve que tienen un discurso fuerte y son capaces de grandes movilizaciones, un liderazgo social que permite justamente este cuestionamiento al Estado.

 

Un elemento final9

Es interesante ver que puede existir un momento en que hay una conjunción de estos movimientos sociales, creando un supramovimiento. En el caso de Bolivia, existe una experiencia que permite ver esto. En las jornadas de Octubre de 2003 y la “Guerra del Gas”, se realiza una unificación articulada de movimientos que logran constituir una fuerza tanto movilizada como discursiva tan poderosa que logra poner en cuestionamiento la viabilidad del propio Estado y de la Nación; esto a partir de un eje de demandas sociales que aglutina a los movimientos campesinos, mineros y de juntas vecinales, pero a escala nacional, no existía un espacio en que no hubiera una movilización o mínimamente se discutiera el tema de la exportación del gas o su nacionalización e industrialización. Tener a un movimiento social que llega a aglutinar a otros movimientos entorno a un solo eje, es muy importante para ver la complejidad no sólo de las organizaciones, sino la complejidad en que está articulada la sociedad y que recurrentemente tiene momentos en que son más visibles los problemas que históricamente no se van resolviendo.

 

 

Notas Pie de Página

[1] Hay que comprender que esto no es exclusivo de la sociedad andina, es obvio que mientras más son, más posibilidades de lograr sus objetivos tienes, eso también pasa en otras sociedades y en otros continentes. La diferencia radica en que esas alianzas pueden ser coyunturales, contextuales, pero en la “intimidad” de la vida diaria, eso va a estar más disperso, de hecho eso no va a existir por que son sociedades que trabajan y producen, se reproducen, individualmente.

[2] Es necesario advertir que no sólo se puede pensar en la complejidad determinada por la “textura” del actor social, sino es necesario enfocar otros elementos que si bien engrandecen el campo de investigación, también permiten que se pueda lograr un avance en el proceso de análisis y que permitan entender de mejor manera el ámbito de lo material de los actores sociales. Un campo no visto aquí es el de la multiformidad de la conformación material, o sea las múltiples formas que pueden conjuncionarse en un solo actor formas de trabajo. 

[3] Al referirnos a componentes del actor social, no sólo implica los componentes internos, es decir la gente, las personas organizadas, a partir de lo anterior, sino también a la propia constitución autopoyética del propio pensamiento.

[4] La consolidación de una identidad estará relacionada también a la condición “originaria” de tener una identidad, los individuos nacen con una identidad y se forman al crecer a partir de que están en contacto con esa identidad, sin embargo esta puede modificarse o reafirmarse con el tiempo. Ahí es que interviene la adscripción, esto es el decidir de manera relativamente consciente el pertenecer a tal o cual grupo y ser sujetos de prácticas que fortalecen este ir voluntariamente a ser parte de una identidad determinada.

[5] Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.

[6] Sabio indígena andino con elementos de influencia política.

[7] Voy a hacer referencia sólo a dos movimientos sociales, existen dos razones: al primera es que son los movimientos con los que estoy más relacionado, los “conozco” más y me permiten hacer una exposición concisa sobre ellos; y la segunda se relaciona a que son los movimientos que tienen más permanencia, tienen una presencia histórica mucho mayor.

[8] Esta es una frase dicha por el c. Felipe Quispe, que toma sentido en el contexto de las movilizaciones andinas entre el 2000 y el 2003 realizados por la CSUTCB, que consolida su fortaleza por acciones directas en este periodo.

9 Todo este artículo no es más que una reflexión a partir de la Investigación que llevo a cabo sobre el Movimiento Minero en Bolivia

 

 

 

*Fotografía de: www.petroleumworldbolivia.com

 

 

 

Principal | Acerca de Nosotros | Internacionales | Ciudad, Arte y Sociedad | El Abanico de Clío | Anacrónic@ Literaria | Anacrónica Filósofica | En tiempo de Colonia | Cinéfil@ | Reseñas | Eventos y Convocatorias | La Caricatura del Mes | Editorial | Convocatoria | El Buzón

Preguntas relacionadas con esta Web, póngase en contacto con

crónica@mafalda.univalle.edu.co, anacronica@hotmail.com, anacronica2@yahoo.es

 

www.univalle.edu.co

Departamento de Historia

Sede Meléndez

Santiago de Cali, Colombia


Última actualización: 19 de Febrero de 2006.