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Revista de los Estudiantes de Historia

 Nº 4. Febrero de 2006

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LA ENCOMIENDA CHARQUEÑA:

EMPRESA DE SEÑORES Y SUBVENCIÓN

INDÍGENA

 

 

 

 

 

 

José Alejandro Pérez Cajías (Historia)

Universidad Mayor de San Andrés

Economista de la Universidad Católica Bolivariana

La Paz – Bolivia

joche57@hotmail.com

 

Resumen

Desde un principio mismo la aventura americana se presentó como una alternativa costosa para la Corona Española. Consciente, no obstante, de sus beneficios, supo incentivar de diversas maneras a privados ávidos de riqueza y reconocimiento social. La encomienda fue uno de estos instrumentos y como una de las instituciones más importantes de la colonia temprana (1532-1570) fue testigo de la inicial preeminencia privada y de las posteriores fricciones generadas con el poder central. Además de ser la concreción de un anhelado estatus, la experiencia de La Plata -capital de la Audiencia de Charcas-  muestra que la encomienda permitió consolidar una red económica diversificada. Sin embargo, las posibilidades económicas con las que contaron estos aventureros hubiesen quedado en simples potencialidades, de no haber existido una mano de obra altamente organizada y acostumbrada al tributo en trabajo.

 

Desde el inicio mismo de la noticia americana, la Corona española supo incentivar hábilmente emprendimientos e intereses privados para, posteriormente, armonizarlos con sus propias preocupaciones.[i]

 

El reino de Castilla no estaba, ni remotamente, en condiciones de llevar a cabo esa ocupación y, colocándose en la realidad, comprendió que esta tarea no podía ser efectuada sino por acciones privadas, por individuos capaces de proseguir la conquista por sus propios medios.[ii]

 

En el presente texto se pretende analizar las expectativas que generaba la encomienda -una de las instituciones más importantes de la colonia temprana- entre españoles ávidos de reconocimiento social, y la forma en la cual sus potencialidades fueron aprovechadas. Por un lado, la acogida privada a los incentivos estatales respondió a las importantes posibilidades que América presentaba a una sociedad de escasa movilidad social, dado que se identificaron novedosas formas de alcanzar fama y gloria. Por otro lado, la particularidad del contexto americano se reflejó en nuevas actitudes entre los primeros colonizadores.  

Concentrando el análisis en las particularidades económicas, se estudiará el desenvolvimiento de los encomenderos de la Audiencia de Charcas, concretamente en su capital, La Plata.  En primer lugar, se presentarán algunas disposiciones legales propuestas por la Corona española en Las Indias.[iii] En segundo lugar, dado que particularmente en el Virreinato del Perú destaca una consolidación progresiva del poder del Estado, se requiere inferir en el real desenvolvimiento del cuerpo legal, más allá del análisis de los incentivos que con él planteaba la Corona.[iv] Es innegable que los encomenderos charqueños hicieron de la encomienda un fin, pero fue también un medio para desarrollar diferentes iniciativas económicas, las cuales muchas veces renegaban de la tradición o legislación peninsulares. En tercer lugar, estas fricciones y la situación de dominación ejercida por los españoles sobre la antigua población local generan un último punto de análisis. Las relaciones de trabajo establecidas entre españoles e indígenas se efectuaron innegablemente bajo un elevado nivel de coacción pero, considerando un ejemplo específico, se observa que los indígenas estuvieron lejos de sumergirse pasivamente dentro de estas relaciones. 

 

Los señores de América

La inicial fijación en la búsqueda de metales preciosos con la que los conquistadores españoles arribaron a tierras americanas[v], fue virando, poco a poco, hacia el logro de una merced otorgada por la Corona española que, además de generar una serie de beneficios, se constituía en una fuente de ingresos más regular y sostenible en el tiempo: la encomienda.

Bajo un enfoque de red social, Ana María Presta, analiza diversas actividades que efectuaban los encomenderos de La Plata a través del funcionamiento de sus vínculos primarios.[vi] En el análisis de esta problemática la autora resalta la necesidad de comprender el rol que juega la creación y/o consolidación de un status, que en América se alimentaba de dos vertientes. Por un lado, la sociedad estamental ibérica había inculcado en sus diversos componentes la importancia del honor, la fama, la gloria, la posesión de tierra y de títulos. Por otro lado, el "nuevo" continente  permitía la adquisición de tales cualidades a través de prácticas militares y sobre todo mercantiles. No es raro destacar que la mayoría de la hueste española estuviese constituida por hidalgos sin fortuna, pecheros y villanos: para quienes no tenían nada que perder, la posibilidad de adquirir fama, honor y títulos se constituyó, innegablemente, en un fuerte estímulo para aprovechar toda oportunidad económica.

La encomienda no fue una institución original de América; es más, se inscribía en las costumbres hispánicas cristianas desde tiempos muy lejanos al descubrimiento, tal como lo presenta José de la Puente Brunke.[vii] El autor afirma que en la Alta Edad Media la "encomendación" implicaba la cesión por parte de pequeños propietarios rurales de la totalidad o alguna parte de sus tierras a un señor, quien a cambio los protegía y defendía. En la Baja Edad Media, en cambio, era la obtención de un dominio, eterna o temporalmente, por un noble o caballero, gracias al rey, un magnate, un monasterio o una Orden Militar: el "encomendero" percibía el rendimiento económico de la tierra a cambio de su protección y defensa. Sin embargo, prosigue de la Puente, el antecedente más cercano de la encomienda americana fue el repartimiento -sinónimo de encomienda en los siglos XVI y XVII. En la España de la Reconquista, con el fin de asegurar el asentamiento poblacional en las tierras recuperadas, se constituyó en la concesión de un territorio por parte del Rey a los más destacados militares.

Estas características de merced real hacia antiguos militares, de defensa del territorio y de poblamiento son destacables también en el derecho indiano. En la repartición de encomiendas se pedía a las autoridades que las otorgasen con especial atención a las calidades y méritos de los servicios prestados al rey, priorizando a los primeros pobladores y su descendencia.[viii] Asimismo, se obligaba a los encomenderos a la defensa de la tierra y de sus encomendados.[ix]

Analizando lo descrito anteriormente destaca la afirmación de Presta en el sentido que “...lo que más atraía a los conquistadores e incentivaba su voracidad por obtener una encomienda, era que con ella cubrían sus aspiraciones señoriales. Los encomenderos se constituían en señores de vasallos, a la par que debían a su rey servicio militar...”[x]

Sin embargo, también resaltan algunos rasgos propios. La mayor particularidad en América residía en la obtención de beneficios a partir de la fuerza de trabajo de indígenas encomendados y no de un territorio cedido. Por ejemplo, Escobedo afirma que en un principio la dotación de encomiendas fue más la repartición de caciques que de territorios.[xi] Asimismo, en la medida que se iban reconociendo territorios y la primera población de conquistadores perdía hegemonía sobre éstos -se consolidaba el poder real- el sistema pasaba de una sobreexplotación del indígena a la elaboración de tasas que respondían, al menos en teoría, a la capacidad productiva de los indios encomendados. Como señala de la Puente, “la  encomienda continental, -tanto en la Nueva España como posteriormente en el Perú- pasó progresivamente de la etapa del servicio a la del tributo tasado.”[xii] Otra particularidad es marcada por la presencia religiosa, pues por medio del Patronato Real se obligaba la conversión de todos los habitantes paganos hacia la Santa Fe Católica: 

Que estando la tierra pacífica, el Gobernador reparta los Indios de ella. (...) en quien esta facultad resida, reparta los indios entre los pobladores, para que cada uno se encargue de los que fueren de su repartimiento, y los defienda, y ampare, proveyendo Ministro, que les enseñe la Doctrina Cristiana, y administre los Sacramentos, guardando nuestro Patronazgo...[xiii]

El carácter privado de la conquista y la temprana decisión de la Corona española de consolidar su presencia en América, desembocaron en una serie de forcejeos entre intereses públicos y privados. En cuanto al análisis de las conflictivas relaciones entre conquistadores y Estado, la promulgación de las Leyes Nuevas en 1542 se constituye en un hito clave de análisis. La Corona Española aprovechó el importante incremento en el número y fuerza de denuncias -planteadas generalmente por religiosos[xiv]- en sentido de un trato inhumano sobre los indígenas encomendados, para consolidar su presencia en los nuevos territorios. Estas leyes propugnaban una mejor y efectiva protección hacia los indios, afectando fuertemente los intereses encomenderos.

 

Una vez que se intentó ejecutar este nuevo cuerpo legislativo, la experiencia del Perú permitió visualizar el escaso o nulo control estatal sobre los nuevos territorios. Cuando el primer Virrey del Perú, Blasco Núñez Vela, llegó a instaurar las Leyes Nuevas, se creó tal descontento entre los encomenderos que en 1544, a la cabeza de Gonzalo Pizarro, se rebelaron.[xv] Un año después del inicio de esta revuelta, el 10 de octubre de 1545, la Corona tuvo que eliminar de su cuerpo legislativo una de las medidas más polémicas:

Que sin embargo de lo resuelto por la nuevas leyes, se encomienden los indios a beneméritos (...) por una de las llamadas nuevas leyes (...) se ordenó, y mandó, que ningún Virrey, Gobernador, Audiencia, descubridor, ni otra persona pudiese encomendar indios por nueva provisión, renunciación, donación, veta, ni otra cualquier forma, ó modo, ni por vacación, ni herencia, y que en muriendo los que tuviesen Indios, fuesen puestos en nuestra Real Corona.(...) Vistas las suplicaciones, que de la dicha ley se interpusieron, por muchas Provincias, é islas, se revocó, y dio por ninguna, y de ningún valor, y efecto, y reduxo la materia, y resolución al punto, y estando en que estaba antes, y al tiempo, que fue promulgada.[xvi]

Quedaba claro, entonces, que la consolidación del poder de la Corona en América se afianzaría de manera progresiva.[xvii] Si bien se restituyeron beneficios a los encomenderos en sentido de la sucesión, se eliminó la posibilidad de una propiedad perpetua, limitándose el goce a dos vidas.[xviii]

 

La encomienda, empresa madre

Hasta el momento se han resaltado los objetivos señoriales que perseguían los conquistadores españoles en su asentamiento en un nuevo continente: la encomienda como un fin. Sin embargo, para entender la evolución de esta institución es preciso también ver a la encomienda como un medio para consolidar una posición privilegiada dentro de la estructura social colonial. El encomendero supo aprovechar las ventajas políticas, económicas y sociales que en su momento le brindó su situación para que su descendencia logre perpetuarse dentro de la elite americana: “...no hay que imaginar al encomendero como simple rentista, conformado y satisfecho con el disfrute legal y práctico de los beneficios y rentas que le proporcionan sus encomiendas.”[xix] La mejor posición relativa de los encomenderos respondía a una mayor facilidad de acceso a la mano de obra -que, como ya se mencionó, era más aprovechada en la medida que el poder real estaba ausente- y a las mejores tierras; luego, resaltaría el control de las principales “industrias” y circuitos comerciales.

Esta situación se hacía estable en la medida que la administración colonial local no incomodase estos intereses. Para entender esta suerte de supeditación política es necesario resaltar la importancia de las relaciones de paisanaje-la creación de lazos de solidaridad, clientelismo, compadrazgo entre gente de una misma región[xx]-  y compadrazgo, al igual que el marco legal en el cual se ejercía el poder local:

Que para los oficios se elijan vezinos. Declaramos y mandamos, que en la elección, que se hiziere en los Cabildos de Pueblos, donde no estuvieren vendidos los oficios de Regidores, y otros Concegiles, no puedan ser elegidas ningunas personas, que no sean vezinos, y el que tuviere casa poblada, aunque no sea Encomendero de Indios, se entienda ser vezino.[xxi]

Presta señala que el cabildo era la institución donde se alineaban los intereses corporativos de “...los propietarios de la mano de obra, diseñadores de la producción y reguladores del consumo”, pero, además, manifiesta que estas influencias muchas veces llegaban hasta las Reales Audiencias de Charcas y Lima.[xxii] Por ejemplo, destaca la celeridad con la cual muchos encomenderos obtenían créditos de las Cajas Reales[xxiii] o el desentendimiento de la explotación a la que muchos indígenas eran sometidos[xxiv].

Por otro lado, en el ámbito social con el fin de controlar y poblar el territorio, el matrimonio fue alentado desde el Estado.[xxv] Este control, en su sostenibilidad, implicaba la necesidad de un constante aprovechamiento de los recursos: “Que la hija sucesora se case dentro de un año, y alimente, a su madre y hermanas”.[xxvi] El matrimonio era un instrumento ideal para ligar el alto estatus obtenido por el encomendero con importantes representantes políticos o económicos y, así, consolidar una situación privilegiada.[xxvii] El matrimonio llegó a ser una empresa económica fundamental y en ese marco debe ser interpretado dentro estrategias de acrecentamiento patrimonial.[xxviii] Por ejemplo, el matrimonio de la mestiza Juana, hija de Juan Ortiz de Zárate, llegó a enfrentar al oidor de la Audiencia de Charcas, Licenciado Juan de Matienzo, y al propio virrey del Perú, don Francisco de Toledo. La calidad de negocio que adquirió este importante sacramento de la religión católica se hace evidente cuando la Corona alertaba: “Que para suceder el marido á la mujer, y la mujer al marido, hayan vivido casados seis meses.”[xxix]

Finalmente, desde un punto de vista económico, los encomenderos tenían la indudable posibilidad de aprovechar, en el tránsito hacia un tributo preponderantemente monetario, cuatro ventajas fundamentales para constituirse en activos empresarios. La victoria del Pacificador de la Gasca en el Perú permitió llevar a cabo la primera visita general a los repartimientos de Indios. Esta iniciativa real supuso la elaboración de las primeras tasas tributarias a ser pagadas por los indígenas encomendados. Partiendo de un ejemplo charqueño, es posible identificar las potencialidades económicas que se proponen:

 

Cuadro Nº 1. Tasa de la mitad de Totora, en 1550. Encomienda de Juan Ortiz de Zárate.

Producto

Unidad

Cantidad

Dinero

Pesos ensayados

2200

Ropa

Piezas

50

Sandalias

Pares

50

Ovejas

Cabezas

60

Comida

Fanega

150

Mantas de caballo

Unidad

6

Mandiles

Unidad

6

Jáquimas

Unidad

12

Costales

Unidad

20

Frazadas

Unidad

2

Lana

Arroba

4

Corderos

Unidad

3

Charqui de oveja

Unidad

6

Cerdos u ovejas

Unidad

8

Perdices

Unidad

120

Pescuezo de oveja

Unidad

10

Sal

Carga

8

Sebo

Arroba

4

Mantequilla

Cantarillo

6

Ganaderos

Indios

10

Servicio Personal

Indios

6

Fuente: Ana Maria Presta; op. cit. P.155.   

 

En primer lugar, se observa que la obtención segura de metálico en forma de dinero permitía a los encomenderos consolidar una posición importante en el naciente mercado interno. El usufructo de una fuente constante de circulante adquiere notable importancia a la hora de acumular algún capital de inversión. Además, en un espacio económico en formación, donde la articulación entre diversos centros productores y diversos centros de consumo es escasa, la posesión de circulante es fundamental en la adquisición de productos elaborados en otras regiones: es posible pagar los elevados precios que esta estructura de mercado ocasiona en los bienes producidos allende. Asimismo, este flujo permanente permitía a los encomenderos obtener el capital de operación necesario en cualquier iniciativa empresarial que requiriese del pago en metálico.

 

En segundo lugar, la obtención de algunos productos comestibles y manufactureros podía abaratar costos en otras actividades económicas. Presta señala que: “Mercancías tales como ropa, sandalias, carne de oveja y frazadas, pudieron haber sido utilizadas por Ortiz de Zárate para alimentar y vestir a sus yanaconas, esclavos e indios de servicio y para abonar el salario de cierto personal abocado a tareas de supervisión en sus minas.”[xxx] Parece ser que esta costumbre no era marginal, ya que, por ejemplo, se repite con el tributo en coca brindado por la encomienda de Tarabuco a Martín de Almendras y doña Inés de Aguiar.[xxxi]

 

En el cuadro anterior se observan también productos comestibles y manufactureros de consumo cultural español. Si bien éstos podrían estar dirigidos a un exclusivo autoconsumo, el logro de ciertas cantidades mínimas de producción[xxxii] hacía de la comercialización una opción rentable, dada la sobrevalorización que estos productos podían alcanzar en los mercados regionales. A esto se suma que la encomienda brindaba animales de transporte, con lo cual el encomendero podía, entonces, introducirse fácilmente en el sector terciario de la economía.

 

En cuarto lugar, la “propiedad” de la mano de obra permitía que el trabajo indígena subvencionase el desarrollo económico. Las primeras relaciones de producción entre el encomendero y sus encomendados surgían del contacto directo entre ambos, cuando la Corona no lograba regularlas. El benemérito español podía sobreexplotar el trabajo de sus indios al acomodarlos en cualquier actividad que el viese conveniente y el bajo o nulo costo de la mano de obra admitía la rentabilidad y sostenibilidad de muchas iniciativas.

 

Esta situación de explotación laboral fue general a pesar de que la Corona intentó frenar algunos abusos denunciados. En el caso del Perú, de la Puente muestra cómo la original intención de abolir los servicios personales tuvo que adaptarse a las relaciones que se mantenían con los encomenderos y a la capacidad coercitiva estatal.[xxxiii] Por ejemplo, los encomenderos no podían alquilar o dar en prenda a sus indios;[xxxiv] o, en el caso de una actividad económica tan importante como la minería, en 1549 se determinó que cualquier encomendero que usase a sus indios en la búsqueda de oro o plata en cualquier mina podía perder su encomienda y pagar una multa.[xxxv] Pero, nuevamente en 1549, ante la fuerza aún latente de este grupo poblacional, simplemente se intentó moderar estas prestaciones, tal como se observa en la encomienda de la mitad de Totora. La mera existencia de medidas que prohibían estos servicios a principios del siglo XVII, indicaría que todavía se usaba libremente la mano de obra indígena.[xxxvi]

Queda claro, de esta manera, que los encomenderos charqueños a fuerza de iniciativa y apoyo estatal lograron la creación de una plataforma económica inicial muy importante para la articulación posterior del espacio económico de la Audiencia de Charcas. A partir de las diversas ventajas comentadas que brindaba la encomienda, lograron un radio de acción e influencia económicas que superó el mero ámbito local:

En el caso charqueño, en general, y de la familia Almendras en particular, la red trascendió la localidad de residencia de los encomenderos y de sus familias nucleares para extenderse hasta las áreas rurales aledañas y los asientos de minas de Porco y Potosí, en los cuales los primeros encomenderos poseyeron minas e incluso vetas completas.[xxxvii]

 

Las huayras potosinas: entre la propiedad de la mano de obra y la resistencia indígena

La “propiedad” sobre la mano de obra indígena fue la ventaja más importante con la que contaron los encomenderos españoles. Sin la existencia del elevado control sobre una mano de obra dirigida por una autoridad central, las demás posibilidades no serían más que potencialidades económicas. La capacidad de asignar trabajadores a lugares relativamente alejados y la tradición de estos pueblos de tributar en trabajo, permitió la diversificación económica de los encomenderos. Considerando que la minería potosina se constituiría en el eje a partir del cual giraría la economía charqueña[xxxviii], esta actividad resalta como un importante ejemplo de este proceso de diversificación. Pero, además, el estudio de la minería temprana en Potosí permite apreciar la forma en la cual interactuaron encomenderos e indios encomendados.

 

El cuerpo legislativo indiano incentivaba claramente la explotación minera. Desde ya muy temprano, en 1526, se estableció[xxxix]:

Que permita descubrir, y beneficiar las minas a todos los Españoles, e Indios, vasallos del Rey (...) por manera, que las minas de oro, plata, y los demás metales sean comunes a todos, y en todas partes, y en todos terminos, con que no resulte perjuicio a los Indios, ni a otro tercero, ni esta permision se entienda a los Ministros, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes mayores, y sus Tenientes Letrados, Alcaldes, y Escrivanos de Minas, ni a los que tuvieren especial prohibición...[xl]

Se puede deducir, incluso, la existencia de incentivos fiscales en este cometido. El 8 de Marzo de 1530 se disponía:

Que de lo que se prometiere a quien descubriere mina, se paguen las dos partes de la Real hacienda, y la otra la den los interesados. Cuando acaciere prometer algun dinero, o premio a los Mineros, que descubrieren minas de oro, plata, acogue, ó otro metal, se paguen de nuestra hacienda tan solamente las dos tercias partes de los prometido, y la otra parte paguen las personas, que sacaron el metal.[xli]

 

La denominada “etapa de oro de la encomienda” (1550-1560) coincide con el boom en la explotación minera en manos indígenas y refinación de plata bajo la tecnología andina de las huayras (1545-1572). No es raro, pues, observar que los primeros descubridores de vetas en el Cerro Rico fuesen encomenderos. Las ya comentadas redes familiares de los Almendras y de los Zárate, por ejemplo, poseían minas de plata en Porco y Potosí e incluso, en el último caso, lograron la creación de una compañía minera aprovechando la calificada mano de obra de sus indios encomendados.[xlii]

 

Destaca una fase inicial de producción minera caracterizada por una baja inversión y el uso de mano de obra y conocimiento locales.[xliii] Cuando en 1538 los hermanos Pizarro se toparon con las minas de Porco, éstas habían sido previamente explotadas bajo el mando del Inca. En lo referente a la extracción, los indígenas trabajaban en las salientes y desarrollaron túneles que alcanzaron hasta 70 metros de profundidad. Luego se transportaba el mineral hacia plantas purificadoras, donde gracias al quimbalete era triturado. Aquel mineral que contenía compuestos metálicos era fundido mediante las huayras: conos invertidos, muy poco más anchos arriba que en la base, plagado de agujeros que permitían el suficiente paso de aire que avivaba el fuego con el que se fundía el mineral. Además de la “propiedad” sobre la mano de obra, la concentración de vetas buenas de mineral y un fácil acceso a éstas, permitió a los españoles el aprovechamiento de los conocimientos mineros prehispánicos, particularmente entre 1545 y 1572.[xliv] Por ejemplo, en una época indeterminada antes de 1585, Capoche establece la existencia de 6.497 huayras funcionando en Potosí.[xlv]

 

Tal como se ejemplifica en la tasa de la mitad de Totora, no era raro que los indios encomendados tributasen determinadas sumas de dinero: en un mercado en formación, no es ilógico pensar que muchas veces esta plata fuese directamente obtenida en las minas de Potosí.[xlvi] Gracias a una solicitud efectuada en 1549 a Polo de Ondegardo, donde se le instaba identificar los indios de encomienda en Potosí, es posible estudiar la presencia de este tipo de mano de obra en Potosí. Se estima que cada encomendero enviaba, en promedio, unos cuarenta hombres a las minas; al estar acompañados de sus familias, se cree que entre 20 y 25 mil indios estuvieron asentados en Potosí hacia 1550.[xlvii] A pesar de que la encuesta debe ser tomada con cuidado –fue efectuada por un próspero encomendero, respuestas proporcionadas por los curacas y declaradas por un intérprete español-, se informa de que los indios declaran sentirse satisfechos en Potosí. Por ejemplo, afirman comer mucho mejor en Potosí que en sus tierras. Es altamente probable que las condiciones de trabajo fuesen duras y el nivel de coacción elevado, pero gracias al trabajo minero los indios podían pagar un tributo difícilmente obtenible por otras fuentes: el anterior escenario de guerra mermó fuertemente el patrimonio ganadero y agrícola de muchas comunidades.

 

Asimismo, la coexistencia con otro tipo de fuerza laboral, los yanaconas, brindó nuevas alternativas a los indios encomendados.[xlviii] La determinación del status y naturaleza de los yanaconas en el mundo prehispánico ha estado sujeto a diversas interpretaciones, pero es posible caracterizarlos como trabajadores especializados que, en una sociedad sumamente rígida, tenían una mayor capacidad de movimiento. En este sentido, se alinearon rápidamente con los españoles[xlix] y, a pesar de ser servidores personales de éstos, obtuvieron algunos privilegios y mantuvieron una libertad de movimiento superior a la del resto de los indios. Por ejemplo, a diferencia de los hatunrunas, estaban exentos del pago de tributos. Esta mayor cercanía con los españoles produjo que en 1545, ni bien conocida las noticia de las minas potosinas, “...más de siete mil yanaconas se hallaban trabajando en las minas o en la fundición de mineral de plata en Potosí.”[l] Hacia 1560 este tipo de fuerza laboral se hizo preponderante en Potosí, debido, entre otros factores, a una mayor imprecisión en el término que, a su vez, posibilitó el camuflaje y fuga de los indios de encomienda: gracias al conocimiento o adquisición de algún trabajo especializado[li], no era difícil asignarse a un señor español necesitado de servicios. 

 

Las posibilidades de movimiento con las que contaban los yanaconas se hacen evidentes cuando se analiza el trabajo de los indios varas. Calificados por Bakewell como “...los primeros empresarios en minas de Potosí”[lii], fueron en su mayoría yanaconas capacitados que alquilaban minas de propietarios españoles. Los encomenderos buscaban diversificar su encomienda e hicieron de esta la empresa madre, pero el fin de estas iniciativas era consolidar una posición señorial. Así, no sorprende que buena parte de las minas en estos primeros 25 años fueron explotadas directamente por los indios. Cuando lo veían conveniente, los indios varas contrataban mano de obra y se dedicaban a la explotación de minas de propiedad de españoles: luego de pagar a estos en metal rico, cacilla, aprovechaban el metal de baja calidad, llampo, a partir de su beneficio en guayras o de su venta en el mercado.

 

Las anteriores consideraciones conducen hacia el análisis del nivel de coacción al que estaban sometidos los indios, tanto en la encomienda como en el trabajo minero:

El interrogante central que discurre en ellas [leyenda negra y la leyenda rosa] concierne a la coacción -¿pero es que no fueron coaccionados los trabajadores de las minas de Potosí? Por supuesto que lo fueron- y en mayor medida, al más escurridizo tema del grado de coacción al que estaban sometidos.[liii]

 

Es innegable que la fuerza laboral indígena fue altamente explotada e injustamente retribuida, pero difícilmente fue una mano de obra que se resignó sin más a la explotación española. En la obra de Presta se observa constantemente el abandono de indios de sus encomiendas, salida que requería, no obstante, de nuevas oportunidades de sobrevivencia. Posiblemente los hatunrunas tuvieron menores posibilidades de aprovechar los intersticios que brindaba la organización colonial: aferrados a una estructura social rígida, caracterizada por una suerte de planificación económica y con un menor contacto con los españoles, las posibles oportunidades que brindaba una nueva realidad mercantil seguramente fueron más difusas. Pero eso no implica que no existieron; por ejemplo, los indios de encomienda, gracias al acceso y calidad del mineral y el uso de las huayras, podían lograr excedentes argentíferos una vez pagado el tributo.

 

En cuanto a los yanaconas, los indios varas consiguieron fortunas menores y, gracias a su capacidad de movimiento, concretaron una especialización flexible: luego del inicial éxito como mineros y una vez que las técnicas mineras indígenas resultaron insuficientes, se dedicaron a diversas tareas agrícolas y, sobre todo, artesanales.[liv] Es posible pensar, incluso, que algunas veces estas respuestas indias al sometimiento español, lejos de ser simples iniciativas individuales gracias a una mayor capacidad de movimiento, eran acciones inscritas en el ordenamiento económico de la comunidad. Si bien se trata de un documento un tanto tardío, en un Padrón efectuado en 1575, en el cual se censó a los yanaconas de Potosí, destaca que esta mano de obra especializada era constantemente vigilada por sus caciques: “...el Padrón muestra que los caciques vigilaban a los yanaconas en sus parroquias y los yanaconas a su vez pagaban la Tasa que estaba destinada a pagar al cacique y al doctrinero.”[lv]

 

Hacia finales de la década de 1560, sin embargo, el descenso de calidad de las minas más accesibles no pudo ser atendido con las técnicas mineras indígenas y se generaron reformas que  terminarían relevando progresivamente a los antiguos protagonistas de la minería potosina. Dado que los indios varas trabajaban en minas de riqueza conocida, el empobrecimiento de éstas los indujo a cambiar de actividad. Asimismo, cada vez menos encomenderos eran propietarios de minas. Con la llegada de Toledo al Virreinato del Perú y la imposición del sistema de la mita y la introducción de la amalgamación, resalta una forma diferente de mano de obra especializada y nuevos mineros tomarían la posta de los antiguos encomenderos.

 

A medida que transcurría el tiempo la encomienda dejó de ser la principal preocupación de los españoles llegados a estas tierras. La consolidación de nuevas oportunidades económicas, la duración de un máximo de dos vidas de la encomienda y el constante descenso demográfico de la población tributaria nutrían esta tendencia. La capacidad que tuvieron los encomenderos en diversificar enormemente sus capacidades económicas, políticas y sociales les permitió, no obstante, seguir gozando de posiciones privilegiadas en la sociedad colonial.

 

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-                                  www.congreso.gob.pe/ntley/LeyIndiaP.htm

 

Notas Pie de Página


[i] Ver, por ejemplo, Maza, Domingo Felipe; 1992. Hispanoamérica. Angloamérica. Causas y factores de su diferente evolución. Madrid: MAPFRE. P.57.

[ii] Crespo R., Alberto; 1995. "De Conquistadores a Encomenderos." En: Crespo, A.; Crespo F., J.; Kent S., M.L. Los Bolivianos en el Tiempo. La Paz: Instituto de Estudios Andinos y Amazónicos (2da. Edición. Corregida y Aumentada). Pp. 83-84.

[iii] Se ha consultado la “Recopilación de las Leyes de Indias” en www.congreso.gob.pe/ntley/LeyIndiaP.htm. En esta se observa una importante aclaración de Felipe IV: “Habiendo considerado quanto importa, que las leyes dadas para el buen gobierno de nuestras Indias, Islas y Tierra firme del el Mar Océano, Norte y Sur, que en diferentes Cedulas, Provisiones, Instrucciones y Cartas se han despachado, se juntasen y redusen a este cuerpo y forma de derecho, y que sean guardadas, cumplidas y ejecutadas” (Ley Primera/TítuloPrimero/Libro Segundo).

[iv] El análisis independiente del cuerpo legal, obviando otras fuentes, puede suponer la obtención de conclusiones o percepciones diferentes a las ocurridas realmente. Estas dificultades se verán parcialmente corregidas con la comparación y estudio de fuentes secundarias. En el marco del desarrollo económico, Amartya Sen observa que la existencia de ciertos derechos legales no implica necesariamente mejoras en las capacidades de las personas para obtener la vida que ellos desean y valoran; menos aún, un logro homogéneo entre todos los componentes de una sociedad. Ver: Sen, Amartya. Desarrollo y libertad. Buenos Aires: Planeta, 2000. Pp. 77-111.

[v] El diario del primer viaje de Cristóbal Colón, trascrito por Bartolomé de las Casas, es sumamente elocuente al respecto. Colón, Cristóbal; 2000. Los cuatro viajes. Testamento. Madrid: Alianza (Historia, edición de Consuelo Varela). Pp. 39-199.

[vi] Presta, Ana María; 2000. Encomienda, familia y negocios en Charcas Colonial. Los Encomenderos de La Plata (1550-1600).Lima: IEP. Pp 25-28.

[vii] De la Puente Brunke, José; 1992.  Encomienda y Encomenderos en el Perú. Estudio social y político de una institución colonial. Sevilla: Excma. Diputación Provincial de Sevilla (Sección Historia. V Centenario del Descubrimiento de América Nº 14). Pp. 13-14.

[viii] Ley v/ Título Ocho/ Libro VI.

[ix] Ley xxxxiiij/Título Ocho/Libro VI; Ley Primera/Título Nueve/Libro VI; Ley iij/Título Nueve/Libro VI; Ley iiij/Título Nueve/Libro VI; Ley viij/Título Nueve/Libro VI.

[x] Presta; op. cit. P. 20.

[xi] Escobedo, Ronald; 1997. Las comunidades indígenas y la Economía Colonial Peruana. Bilbao: Universidad del País Vasco. P.53.

[xii] de la Puente; op. cit. P. 18.

[xiii] Ley Primera/ Título Ocho/ Libro VI.

[xiv] Ver la crítica de Bartolomé de las Casas y la discusión surgida con Juan Ginés de Sepúlveda.

[xv] de la Puente; op. cit. Pp. 23-24.

[xvi] Ley iiij/ Título Ocho/ Libro VI.

[xvii] Es posible destacar tiempos diferentes, según las regiones y el respectivo alcance del brazo estatal en la consolidación de su poder. Por ejemplo, en la Audiencia de Quito se presentaron enfrentamientos militares entre autoridades reales y encomenderos hasta finales del siglo XVI. Ortiz de la Tabla Ducasse, Javier; 1993. Los Encomenderos de Quito. 1534 -1660. Origen y Evolución de una elite colonial. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano Americanos -CSIC (Ciudad y Poder en América Colonial). Pp. 185-186. El 15 de diciembre de 1558 se aclaraba: “Que los Virreyes del Perú, provean las encomiendas de Quito y Charcas”, si bien se señalaba, al mismo tiempo, el respeto al derecho de Gobernadores y Adelantados en el reparto de indios (Ley vij/ Título Ocho/ Libro VI).

[xviii] Ana María Presta  (op cit. Pp. 161-162) señala los intentos de algunos encomenderos peruanos por acceder a la propiedad perpetua de sus encomiendas. Asimismo, de la Puente (op. cit.. Pp. 43-48) señala algunas tácticas creadas por algunos encomenderos con el fin de asegurar un beneficio constante a lo largo del tiempo.

[xix] En el caso de la Audiencia de Quito, anota Ortiz, a lo largo del siglo XVI el grupo encomendero fue hegemónico en riqueza y en poder. En 1573, mientras los mayores encomenderos ostentaban una riqueza que fluctuaba entre 25 y 50 mil pesos, los mercaderes más importantes alcanzaban un rango que variaba entre 15 y 20 mil pesos. En 1587, los tributos percibidos podían superar el salario de un oidor. Ortiz, op. cit. Pp: 172-176.

[xx] Ibid; P. 172. Presta; op. cit. Pp 33-35, 62-66.

[xxi] Ley vj/ Título X/ Libro IV.

[xxii] Presta; op. cit. P. 31.

[xxiii] Ibid; Pp. 76,79.

[xxiv] Ortiz; op. cit. Pp.184,192,194-196.

[xxv] La necesidad de consolidar el poblamiento del territorio se expresa en cierta forma en la persuasión al matrimonio a todos los encomenderos, encargándose tal tarea al Prelado y al Gobernador (Ley xxxvj/ Título Nueve/ Libro VI). Además de una mayor tendencia cultural –a diferencia del caso inglés, por ejemplo- la escasez de elemento femenino de esta primera etapa fue una importante motivación para que surjan parejas de españoles e indias.

[xxvi] Ley iiij/ Título XI/ Libro VI.

[xxvii] Por ejemplo, Presta manifiesta que los prejuicios raciales españoles se diluían fácilmente cuando la importancia económica de muchas hijas mestizas era inminente. Presta, Ana María; 2004. “Las ‘Doñas’ Morenas. Historia de las primeras mestizas de la conquista de Charcas (Bolivia), 1540-1590. En: Retornos Nº 4. Revista de Historia y Ciencias Sociales. La Paz: La Pesada. Para el caso de mujeres de la elite incaica se pude consultar Nowack, Kerstin., . “Aquellas señoras del linaje real de los Incas. Vida y supervivencia de las mujeres de la nobleza inca en el Perú de los primeros años de la colonia.”

[xxviii] Presta; Los Encomenderos de.... P.35.

[xxix] Ley vj/ Título XI/ Libro VI.

[xxx] Presta; op. cit. P.156.

[xxxi] Ibid; P. 80.

[xxxii] Las cuáles se lograrían con el trabajo propio de las haciendas.

[xxxiii] De la Puente; op. cit. Pp. 180-185.

[xxxiv] Ley xxiij/ Título IX/ Libro VI.

[xxxv] Ley xxij/ Título IX/ Libro VI.

[xxxvi] Esta misma situación se presentó también en la Audiencia de Quito (Ortiz; op. cit. Pp. 182,183,186,188).

[xxxvii] Presta; op. cit. P. 84.

[xxxviii] La propuesta de Sempat et al. es un ejemplo para analizar las implicancias económicas de la minería a lo largo del período colonial. Assadorian, C. S.; Bonilla, H., Mitre, A. Y Platt, T.; 1980. Minería y espacio económico en los Andes. Siglos XVI-XX. Lima: IEP. (Colección Mínima: 12).

[xxxix] Esta medida sería posteriormente confirmada por Felipe II el 19 de junio de 1568.

[xl] Ley Primera/ Título XIX/ Libro IV.

[xli] Ley iij/ Título XIX/ Libro IV.

[xlii] Para el caso de Quito, Ortiz señala igualmente que en un inicio la explotación de los lavaderos de oro y minas de la comarca de Santa Bárbara, era ejecutada por indios de encomenderos quiteños.

[xliii] Los siguientes párrafos referentes a minería se basan principalmente en los aportes de Bakewell, Peter; 1990. Mineros de la montaña roja. El trabajo de los indios de Potosí 1545-1650. Madrid: Alianza (Quinto Centenario).

[xliv] En comparación con las demás culturas prehispánicas, los incas se encontraban avanzados en materia de conocimiento minero (Bakewell; op cit. P. 29). Para un análisis de las técnicas mineras y de la economía incaica en general se puede consultar Pease, Franklin; 1992. Los Incas. Una introducción. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú (Biblioteca “Lo que debo saber” Vol I/ Historia). Pp. 57-101.

[xlv] Bakewell; op. cit. P.32.

[xlvi] Luego de la pacificación de la región, la tasación de la Gasca debía consolidar la presencia estatal, sin olvidar los intereses de españoles reacios a perder beneficios, sean estos reales o potenciales. Si bien existían prohibiciones legales en sentido del uso de indios de encomienda en las minas, la existencia de precedentes legales en el Perú, permitió al Pacificador una relativa discrecionalidad (Ibid. P. 52).

[xlvii] Ibid. Pp.54, 59.

[xlviii] Ibid. Pp.48-52, 60-61.

[xlix] Al respecto se pude consultar Arolena ,Luis; 1986. La relación de Pero Sancho. Buenos Aires: Plus Ultra, o también Assadorian, Carlos Sempat. “ ‘La gran vejación y destrucción de la tierra’: las guerras de sucesión y de conquista en el derrumbe de la población indígena del Perú.” En: Transiciones hacia el sistema colonial andino.

[l] Bakewell; op. cit. P. 50.

[li] En el trabajo de Laura Escobari se destacan regiones conocidas por su especialización en diferentes labores mineras. Escobari de Querejazu, Laura; 2005. “Potosí. Dinámica social, trabajo y tecnología minera.”En: Caciques, yanaconas y extravagantes. La sociedad colonial en Charcas s.XVI-XVIII. La Paz: PLURAL/IFEA (Segunda edición). Pp. 208-209.

[lii] Bakewell; op. cit. P. 62.

[liii] Ibid. P. 47.

[liv] Ver, Escobari, “De yanaconas urbanos a artesanos mineros. Potosí, siglo XVI.” En: op. cit.

[lv] Ibid. P. 230.

 

* Imagen  Encomienda de: www.uc.cl

 

 

 

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Última actualización: 19 de Febrero de 2006.