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Revista de los Estudiantes de Historia

 Nº 4. Febrero de 2006

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HANK, EL PERDEDOR

 

                      

 

Vicente Darío Caputo Zamorano6 (Lic. Filosofía)

Universidad del Valle

 Cali – Colombia

ikmeniev@hotmail.com

 

 

   “Hell, death is the gasoline in the tank

Anyhow. We need it. I need it. You need it.

We trash up the place if we stay too long”.

Henry Charles Bukowski

 

   Quien de una mirada rápida a la literatura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, posiblemente pase por alto la desagradable y mal cicatrizada herida que Charles Bukowski ha abierto en las letras oficiales. Una obra escrita desde adentro, como sus palabras alguna vez lo dieron a entender, un trabajo tan visceral que es muy difícil hablar de él sin ceder al encanto corrosivo que sus escritos provocan. Se ha visto en él a un Hemingway al que no le importan los toros, a un Céline que lavaba platos para conseguir lo del alquiler y las cervezas, a un mártir del sueño americano al que, sencillamente, no le interesa salvar a nadie. El sólo quiere salvarse a sí mismo.

   Henry Charles Bukowski –nombre de pila- nació en Andernach, Alemania en 1920, lugar en el que vivió hasta los dos años para luego emigrar a Estados Unidos con sus padres. Los Ángeles fue su ciudad desde el comienzo hasta el fin, aunque viajó por diferentes partes del país ocasionalmente sin radicarse en ningún lado por demasiado tiempo. En esta ciudad de California encontró los trabajos inusuales, las mujeres poco comunes, las inspiradas perversiones, la locura de la vida cotidiana y los pequeños triunfos literarios que constituyen las hebras de la trama “bukowskiana”, entretejidas de manera fascinante. Era -en sus propias palabras un “chico de Los Ángeles”-, sumergido en el smog de una ciudad a cuya decadencia estaba inevitablemente ligado, atraído por el extraño espectáculo de vidas miserables fluyendo hacia vidas miserables, cuidándose la espalda y nutriéndose de un terrible combustible, el mejor de todos, el  de la desesperación.

 

Poemas para perros extraviados

   Luego de la publicación de su quinto libro de poemas, Crucifix in a Deathhand, hacia 1965, Bukowski empieza a ser medianamente conocido en el ámbito de las revistas underground, lo cual no le impide seguir llevando una vida nómada de alcoholismo alternada con una serie inimaginable de trabajos de poca monta que le ayudan a tener lo necesario y que serían material de primera para su novela Factotum, en 1975. Ya tenía entonces cuarenta y cinco años y había vivido en chozas de papel en Atlanta, dormido en parques por temporadas y conseguido el empleo más largo de su vida: doce años en la oficina de correos de Los Ángeles. “Si un hombre tiene cuatro paredes, tiene una oportunidad. Fuera, en la calle, no había nada que hacer.”[i] Aquel parecía ser el lema de esos años, aunque Bukowski se retiraría del servicio de correos en 1970 decidido a convertirse en escritor. El resultado fue una brillante novela, la primera, llamada Post Office, que recogía sus experiencias en doce años de servicio dentro de una burocracia infernal, aderezados fríamente con borracheras, peleas y promiscuidad.

  Para Henry “Hank” Chinaski –su alter ego literario- un escritor tenía mucho más que aprender en los combates de boxeo o en el hipódromo que en los clubes de lectura o las universidades. Su poesía está impregnada de aquello que todos sus predecesores habían olvidado decir, olvidar la realidad era un pecado y tratar de disfrazarla era más grave: la solución era contar simple, dura y descarnadamente lo que pasaba a su alrededor. Él no sabía lo que otros escritores podían necesitar; no le importaba, de cualquier modo era incapaz de leerlos. Estaba encerrado en sus propios hábitos y prejuicios, lo cual le hacía ser odiado o venerado empalagosamente. Ciertamente, el público de sus primeros libros se caracterizó por ser el mismo del cual sacaba sus historias: camareras, motociclistas, prostitutas y toda una constelación de héroes del bajo mundo. Para la publicación de Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness, su primer libro completo de relatos cortos, era extensamente leído en Europa –ante todo en Alemania- pero el éxito a gran escala en su país aún no llegaba.

 

Alone  -with everybody.

   Durante cinco décadas, los libros de Charles Bukowski fueron mordientes crónicas del lado salvaje de la vida, y le ganaron miles de devotos lectores en todo el mundo. Pero, lejos de lo que podría pensarse, la pobreza estuvo a la orden del día por muchos años, en especial para el joven Chinaski. “When i run out of luck / I’ll run out of whiskey/And when i run out of whiskey/The land will not be green,/And my love and my sadness…/Who needs these?”[ii]. Más  allá de hacer una crónica desgarrada de su propio abatimiento y falta de interés por la vida, el autor trata de encontrar una forma de escapar a un particular infierno, una condición de desencanto total que hace parecer al suicidio demasiado trabajo: no hay nada que hacer sino beber/ apostar a los caballos/ apostar a los poemas. No hay lección, no hay oportunidades, sólo un vaso en la mano, mujeres que aparecen y desaparecen, una inquietud endemoniada y los nervios destrozados. Para el Bukowski de los años setenta empieza a tener algo de inaguantable el ser reconocido, detesta las lecturas de poesía universitarias, pero son buenas para pagar el alquiler y otras cosas. Incluso es invitado a Alemania a dar un recital que más parece un concierto de rock que un evento especializado: mujeres le tiran su ropa interior, extraños se confiesan fanáticos suyos e incluso le piden autógrafos, centenares de ellos. “Eso fue lo que mató a Dylan Thomas” diría posteriormente en el libro de entrevistas que Fernanda Pivano tituló Lo que más me gusta es rascarme los sobacos, publicado por Anagrama en español, hacia 1989. Ya viejo, la edad no le parecía un crimen, pero la vergüenza de una vida deliberadamente desperdiciada entre tantas vidas deliberadamente desperdiciadas, si lo era. Lo cierto es que para el final de la década de los setenta, Hank, ya con casi sesenta años, tenía una obra consolidada ante cierto sector de la crítica, una reputación de buscapleitos y algunos dólares en el banco, no muchos, es cierto, pero suficientes para no ser más un empleado de correos o un mozo de almacén.

 

La noche de los imbéciles

   En mil novecientos ochenta y tres (1983), Bukowski escribe uno de sus libros más autobiográficos: Ham on Rye[iii]. En el describe la atmósfera demencial que rodeó su infancia y adolescencia, en donde la realidad del maltrato al que fue sometido por su padre y la completa ausencia de identidad con sus supuestos camaradas, le abren un mundo de ostracismo en el que se sumergiría complacido. Entre los episodios narrados se encuentran sus constantes fantasías acerca de las mujeres, su descubrimiento de la masturbación, el vino y el acoso sexual. La crónica de los desposeídos apunta ahora a su propia historia: él es parte de aquel sustrato de perdedores que subyacen bajo los podridos cimientos del sueño americano. Su padre, esa figura que con el tiempo descubre odiar y que responsabiliza ocultamente por mucho de lo que después fue, es una pieza violenta del rompecabezas de sus primeros años. Este libro muestra a la nación que se hallaba oculta bajo los ideales posteriores a la Depresión del 29, personas que fingían tener trabajo para no perder la costumbre, esposas maltratadas que encontraban en el silencio su manera de vivir y los niños que, sin mucho dinero,  iban a escuelas donde los profesores no enseñaban nada que de la vida misma no pudiesen aprender.   Sobre este periodo de su vida y sobre la locura de la segunda gran guerra, escribiría uno de sus mejores poemas, Imbecile Night, publicado en una revista fugaz perteneciente a la revolución de los mimeógrafos.

   Ahora bien, a Ham on Rye siguieron Bring Me Your Love, Hot water Music, There’s no Bussines, War all the time y el libro de poemas You Get So Alone at Times That It Just Makes Sense. Fue una década bastante prolífica, que mostró a un Bukowski más introspectivo, que se burlaba de sí mismo y de su época, pero al tiempo desnudaba las piezas más cortantes de un arte que se esperaría del Hank de otros tiempos. La pregunta parecía seguir siendo la misma: ¿Cómo coño podía un hombre disfrutar si su sueño era interrumpido a las 6: 30 de la mañana por el estrépito del despertador, tenía que saltar de la cama, vestirse, desayunar sin ganas, cagar, mear, cepillarse los dientes y el pelo y pelear con el tráfico hasta llegar a un lugar donde esencialmente ganaba dinero para algún otro y aún así se le exigía mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacerlo?  ¿Es esta una declaración brutal de inconformidad o sencillamente una muestra de desencanto?. La ligereza de cientos de críticos alrededor del mundo a calificado la obra bukowskiana como “lasciva”, “cruel”, “antifeminista” e incluso –tristemente- “erótica”. Un ejemplo de las tendencias encontradas respecto a sus libros fue la opinión que el crítico literario del New York Review of Books dio acerca de Women, su tercera novela, calificándola de una historia acerca de sexo y borracheras, cuando, por otro lado, podría decirse que es, ante todo, un relato sobre amor y dolor.

  En 1987 el director francés Barbet Schroeder, invita a Chinaski a escribir un guión acerca de su vida. La idea en principio no le agradó, pero luego de conocer a Schroeder decide escribirlo. La película Barfly, fue protagonizada por Mickey Rourke  y recreó la vida del joven Bukowski: noche tras noche de borracheras en habitaciones sórdidas, mujeres no muy cuerdas, peleas con vagabundos en los callejones y el deseo de llegar a ser un buen escritor. Este fue el pináculo de popularidad para Hank y representaría para él un aviso: si sigues, te atraparán. No fue a Cannes por esa razón y por un par de años se queda en casa con la que sería su última mujer, Linda Lee. Empiezan juntos un periodo con todas las comodidades ambicionadas por el burgués norteamericano promedio, un tiempo tranquilo con viajes permanentes a la tienda de licores y al hipódromo a bordo de su BMW negro, comprado para que el gobierno no se quedase con su dinero.

 

Abraza la oscuridad

   Entre sábanas empapadas de semen, latas vacías de cerveza, sudores malolientes, escarabajos que trepan por las paredes, Bukowski se mueve en su clima de decadencia y de sexismo, de violencia y de alcoholismo, y desmorona los sueños, las ilusiones, la falsedad de nuestra era cantando con deliberada indecencia sus historias auténticas en la enormidad del espacio: en el miedo y la soledad recupera su humanidad, su egoísmo, su sentido del ridículo, su irreverente compasión, su lejanía de jugador de carreras. Los lectores, y sobre todo la crítica, captaban a veces sólo el aspecto sensacional y “obsceno” pero, debajo de sus máscaras o de lo que él llama su manera de “hacer el payaso”, seguía poniendo al desnudo su más desconcertante intimidad a través de exageraciones, a veces iluminadoras y otras deformadoras, en un propósito tenaz de contarse a sí mismo. 

   Bien, empiezan los noventa y Hank, el perdedor, es un viejo perro que ha vagado demasiado y necesita un lugar en donde dormir. Ya habiendo abandonado el North Hollywood con todos sus hábitos y aposentado en la casa que compró, se dedica a escribir algunos poemas que envía a revistas y escribe un diario en su primera IBM: The Captain is Out to Lunch and the Sailors have Taken Over the Ship. El temor de haber sido “atrapado” vuelve, pero es este un libro para no olvidar, con muestras de una lucidez irónica intacta y páginas llenas de un decepcionado realismo que podríamos llamar sabiduría, en donde la prodigalidad del humor de lo perverso se mezcla con la melancolía de un ser que sigue viviendo, a pesar de todo, en la oscuridad.

   Las circunstancias que rodean la muerte De Charles/Henry  Bukowski/Chinaski, no podían ser más tranquilas: luego de meses de estar en cama y apenas levantarse a escribir, la muerte llega a él en el Hospital General del condado de los Ángeles en Enero de 1994. Él siempre había hablado, aún en dos líneas, acerca de la muerte. Como siempre, la imagen de la muerte unida a la del terror, del dolor y del horror: “La catedral casi me hizo confiar en la posibilidad de aceptar al Dios cristiano en lugar de a los diecisiete minúsculos dioses que me protegen, porque un dios único me hubiera ayudado en medio de tanta porquería y terror y dolor y horror...  Me habría ayudado a entenderme con las putas y a alguna de las mujeres con las que había vivido, los trabajos aburridos, la falta de trabajo, las noches de locura y de hambre...  Yo no era un hombre que piensa, me arreglaba con lo que sentía y mis sensaciones se dirigían a los lisiados, a los torturados, a los condenados y a los perdidos, no por simpatía sino por camaradería, porque yo era uno de ellos, perdido, confuso, indecente, miserable, miedoso y cobarde...  El Gran Dios poseía demasiadas armas para mi, era demasiado justo y demasiado poderoso. Yo no quería ser perdonado o aceptado o encontrado...  La muerte tenía muy poco significado para mí. Era la última broma de una serie de bromas pesadas... era otra película...  La muerte sólo creaba problemas a los que se quedaban... Alguno entra en el mundo rico pero todos se van de él pobres.”[iv]

   Sus terrores, sus máximas, sus confesiones afloran en un estilo aparentemente espontáneo, pero que, en realidad, ha nacido de años de severa disciplina en el transcurso de una prolífica producción de poemas y de relatos: un estilo que permite a la narración parecer una mera secuencia de experiencias comunes. Son experiencias arraigadas en un nihilismo sin esperanza, sin salida. Todas las mujeres son putas, los amigos duran el tiempo de una lata de cerveza, los libros no son entendidos por la crítica, la sociedad está hundida, lo que triunfa siempre en el mundo es el vicio y la corrupción, los destinos sólo son de muerte y de derrota. Pero, contrario a lo que podría esperarse de un “último libro”, Pulp no vería la luz sino hasta el año siguiente a su deceso. El último opúsculo no fue un libro de vejez, un aburrido producto de una tardía reflexión decepcionada. No, Pulp es una parodia, una burla dedicada a todos los folletines detectivescos norteamericanos o Pulp Fictions que invadían las calles de Los Ángeles y que, aún en menor medida desde los setenta, lo siguen haciendo.

Prefiero pensar en un Bukowski perverso y romántico, vital en su disgusto, creativo en su horrorizado dramatismo, trágico en su falta de esperanzas en cualquier dirección. Un Bukowski hundido en el desastre, que también es el desastre de la catástrofe que estamos viviendo.

 

 


Notas Pie de Página


 6 Décimo semestre de Licenciatura en Filosofía en la Universidad del Valle. Profesor de las áreas de Ética y Filosofía en el Gimnasio Integral del Valle. Áreas de investigación: Psicología, Antropología e Historia de las Religiones.

[i] BUKOWSKI, Charles. Peleando a la Contra. Anagrama. Barcelona, 1995.

[ii] BUKOWSKI, Charles. Practice, parte de The Roominghouse Madrigals: Early Selected Poems. Black  Sparrow Press. Santa Rosa, 1988.

[iii] Este título fue publicado en Anagrama bajo la triste traducción de La senda del perdedor.

[iv] BUKOWSKI, Charles. Shakespeare Never did This. City Lights Books. Santa Bárbara, 1988.

 

 

 

B i b l i o g r a f í a

BUKOWSKI, Charles. The Roominghouse Madrigals: Early Selected Poems. Black Sparrow Press. Santa Rosa, 1988.

BUKOWSKI, Charles. Shakespeare Never did This. City Lights Books. Santa Bárbara, 1988.

BUKOWSKI, Charles. Hollywood. Anagrama. Barcelona, 1994.

BUKOWSKI, Charles. Se Busca una Mujer. Anagrama. Barcelona, 1994.

BUKOWSKI, Charles. Erecciones, Eyaculaciones, Exhibiciones. Anagrama. Barcelona, 1999.

BUKOWSKI, Charles. Peleando a la Contra. Anagrama. Barcelona, 1995.

BUKOWSKI, Charles. Mujeres. Anagrama. Barcelona, 1999.

BUKOWSKI, Charles. Escritos de un Viejo Indecente. Anagrama. Barcelona, 1998.

BUKOWSKI, Charles. PIVANO, Fernanda. Lo que más me Gusta es Rascarme los Sobacos. Anagrama. Barcelona, 1983.

CHERKOVSKI, Neeli. Hank. L. A City College Press. Los Angeles, 1991.

 

 

* Fotografía de: www.informationleafblower.com

 

 

 

 

 

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Última actualización: 19 de Febrero de 2006.